En el oficio de la tintorería natural sabemos que el color es un organismo vivo. Que no es una fórmula que puede replicarse con exactitud; sino que es el resultado del encuentro entre la tela, la tierra y el tiempo.

Cada lona de algodón teñida es un dialogo con la naturaleza; ese flujo constante de variaciones donde nada se repite de forma idéntica. 

Y si bien, en principio, puede costar aceptar el hecho de no tener el control total sobre la tela; se comprende que es justo ahí donde radica el valor y la belleza. En lo sutil que revela cada TINTE.

 

Pero ¿Qué elementos influyen en las variaciones de tonalidades?

Algunos más de lo que solemos imaginar…

 

Las estaciones: un mismo tinte, muchas versiones posibles

La materia vegetal que encontramos en otoño/invierno no contiene la misma concentración de pigmentos que en primavera/verano.

Por ejemplo, en las sierras, que es el lugar desde donde vivimos y trabajamos   el agua es la que manda.

La estación seca comienza en los últimos meses de otoño y se extiende durante el invierno y principios de la primavera; con muy leves y escasas lluvias.

Con el verano recién llegan las tormentas y los ríos crecen.

Entonces, esto hace que  aumente la  concentración de pigmentos en hojas y tallos que absorben y reflejan mayor cantidad de luz solar.

Sin embargo, también es cuando las plantas contienen más humedad y sus pigmentos se diluyen. Esto se traduce en tonalidades más claras y acuareladas en las telas

En invierno, al bajar su actividad, tienden a: concentrar compuestos más estables y terrosos, perder intensidad de algunos pigmentos, y mostrar tonos más apagados o fríos.

 

El ritmo lunar:

 

Así como la luna influye en las mareas y en la savia de las plantas, también puede modificar la concentración de pigmentos. En fases de mayor luminosidad, muchas plantas almacenan mayor cantidad de agua; en luna nueva, la savia circula de otro modo, desciende a la raíz. Estos ritmos biológicos afectan la materia prima que recolectamos. Las tonalidades de los colores varían con una misma planta cosechada en luna creciente o menguante.

 

 

El tiempo en las ollas, es una espera que transforma

 También otro factor determinante es el tiempo que la tela permanece sumergida en la olla. Eso  determinará la profundidad del color, pero también su textura.  

Una exposición corta puede dar un tono suave y un baño prolongado genera colores más intensos y profundos.

 

A modo de conclusión; si bien puede haber una intención previa, finalmente es el proceso el que determina el resultado final.

Así es que en lugar de buscar lo igual y uniforme, buscamos generar las condiciones adecuadas para que el color se revele.

 

Las variaciones en los tonos no son “fallas”, sino huellas vivas que traza la naturaleza. Son el registro visible de un clima, una estación, un territorio y un momento del proceso. Son la prueba de que detrás de cada tela teñida hay personas, manos, tiempo y un ecosistema que hizo lo suyo.

 

Elegir teñidos naturales es elegir piezas que respiran, que cambian, que llevan consigo un registro del  monte. Lo que se modifica en las telas, es la “voz” del color, su intensidad, su matiz y su profundidad. Pero lo que siempre permanece es la cualidad tintórea de la planta, esa que es única e irrepetible